

Y casi fue así. Los británicos residentes en China trataron
en repetidas ocasiones de llevarse ejemplares de China a principios de siglo
XX. La mayoria de ellas infructuosas. Los eunucos cuidadores de los perros
se "negaron" de forma sutil a que los ejemplares de shih-tzu salieran
del país. Por cortesía y por educación en la corte estaba
muy mal visto decir que "no" a cualquier cosa que fuera requerida,
es por eso que cuando algunos de los miembros de la comunidad británica
propusieron adquirir algunos de esos ejemplares, fueron ofrecidos con una
sonrisa de amabilidad. Pero los perros morían a los pocos días.
Tenían prohibido que los shih-tzu salieran de china. Así que
les daban cristal triturado antes de ser entregados a sus nuevos dueños
y morían desangrados en los barcos de regreso a las Islas Británicas.
Algunos se salvaron o posiblemente no todos fueran tan terriblemente crueles
con el destino de tan soberbio animal. Exactamente fueron 14 los ejemplares
que escaparon de tan cruel destino. En 1908 murió La Emperatriz Cixi
(T'zu Hsi), madre de Pu'Yi, el Último Emperador y la cría quedo
casi en suspenso solo promovida por algunos particulares y otros miembros
de la corte. La raza quedó definitivamente extinta en China con la
llegada del comunismo. Entre 1930 y 1954 los primeros Shih-tzu fueron llevados
a Inglaterra y Noruega, país este último donde se importó
la única perra que procedia realmente de la Corte Imperial China. Pronto
se convertiría lo largo de las décadas en una de las razas más
populares y más apreciadas a lo largo de todo el mundo.

